Si caminas por la orilla de esa playa, tus pies andarán entre el agua más transparente que puedas imaginar: el reflejo dibuja trazos de luz en la arena blanca del fondo. Te ves los pies. Caminas despacio y miras hacia el cielo de un celeste claro, casi verdoso, propio de los trópicos.
A tu alrededor mucha gente camina, silenciosamente. Algunos flotan, semi hundidos en el agua; otr0s los recogen con cuidado: ponen sus manos bajo la cabeza de los cuerpos yacentes y los levantan.
Ves muchísimos cuerpos envueltos en una tela blanca y adherente de una sola pieza: adivinas los brazos cruzados, las piernas muy juntas. Están colgados cual hamacas sobre la orilla, muy poco por encima del agua transparente.
No hay sonidos. Tan solo la gente pasa, sin fijarse mucho en las crisálidas.
Nadie sabe el propósito de que esos cuerpos estén colocados así. Sólo sabes, o intuyes que ya no respiran, o quizá duermen. Parecen muertos.
Temes ser la próxima crisálida, asi que estas permanentemente moviéndote, bajo la luz del sol de media mañana.
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NOTA: La fotografía fue tomada por mí en mi viaje a India en la playa de Kevalam.
NOTA 2: Este cuento fue publicado en En: Antología 2022 de cuento breve e hiperbreve de autores participantes del ciclo de Encuentros del Club del Cuento Breve en la ciudad de Buenos Aires. (digital): Buenos Aires:, FACRA, 2022 (edición revisada),

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